Continuemos con Génesis 47, un capítulo en el que el Hijo —José— intercede por su familia, los presenta ante el rey, y les da una herencia en medio de la tierra de la opresión. Esta escena es rica en sombras de Jesús, nuestro intercesor, proveedor y hermano mayor que nos abre las puertas del Reino de Dios.
La escena se abre con un acto majestuoso y tierno. José, el hijo que fue despreciado por sus hermanos, vendido y dado por muerto, ahora los representa ante el trono más poderoso del mundo en ese entonces: Faraón.
“Y José fue y lo hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas y vacas, y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán…”
(Génesis 47:1)
No solo los introduce. Los defiende, los presenta con dignidad y amor. Les consigue un lugar seguro, tierra fértil, y pan en medio de la hambruna.
José no está solo como un hermano que los ayuda. Está como el mediador, el puente entre el poder del reino y las necesidades de su familia.
¿No es esta una imagen clara de Jesús?
Jesús, nuestro hermano mayor, ascendido a lo alto, habiendo sido humillado por nosotros, ahora está a la diestra del trono, y nos presenta ante el Padre.
Nos dice:
“Padre, aquí está mi familia. Han venido en mi nombre. Recíbelos, no por lo que ellos son, sino por lo que yo he hecho por ellos.”
José no les da a sus hermanos lo que merecían por haberlo traicionado. Les da gracia.
No les reclama su pecado. Les da lugar, sustento, y favor.
Así es Jesús. No se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11). Nos lleva ante el Padre como Suyo. Como hijos adoptados en el Hijo.
Génesis 47 es una joya escondida del evangelio. El Hijo glorificado no se olvida de los suyos. No los deja en la hambruna del mundo. Los reúne, los presenta ante el Rey, y les asegura herencia. Así es Jesús hoy. Así será siempre.
La bendición del padre sobre el reino
Jacob, al presentarse ante Faraón, no actúa como un mendigo. Actúa como un patriarca, como un hombre que ha caminado con Dios.
Y en una escena sorprendente, Jacob bendice al rey.
Sí, el pastor nómada bendice al monarca egipcio.
“Y bendijo Jacob a Faraón…”
(Génesis 47:7)
Esto también nos habla del Reino de Dios:
el pueblo de Dios no existe solo para recibir sustento, sino para ser bendición incluso para los poderosos de este mundo.
Donde vamos, bendecimos. Porque llevamos el conocimiento del Dios verdadero, el que reina por encima de todos.
La provisión del Hijo en tiempos de crisis
El hambre seguía. La gente vendía todo por pan.
Pero el pueblo de José, el pueblo de Israel, no pasó necesidad.
José los sustentó con pan, los cuidó en Gosén, y les dio vida donde había muerte.
Así es Jesús.
En medio de una generación hambrienta de sentido, justicia y amor…
Él nos da pan del cielo.
Nos da descanso en su cuidado.
Nos preserva en medio de la escasez.
Reflexión para nuestra vida
¿Puedes ver la ternura del Hijo en este capítulo?
Él no se olvidó de su familia.
A pesar de todo lo que le hicieron, no se vengó, sino que intercedió.
¿Y tú?
¿Has confiado en ese Jesús que ahora mismo te presenta ante el trono del Padre como parte de Su familia?
¿Crees que en medio de tus crisis, Él tiene pan para ti, dirección para ti, herencia para ti?
No estás solo. No has sido dejado a merced del mundo.
Llamado a la acción
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Acércate con confianza al trono de la gracia. Jesús ya abrió el camino. Tú eres parte de Su familia. Entra como hijo.
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Reconoce que no vives del sustento del mundo, sino del pan que Jesús da. Recíbelo cada día.
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Sé bendición donde Dios te coloque. Aun en tierra de extranjeros, como Jacob, proclama al Dios que te sostiene.
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Confía en el cuidado del Hijo. Él ha preparado un Gosén para ti: un lugar de provisión, paz y crecimiento espiritual.
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